Las deudas son fantasmas
I
Sus fotos rotas estaban por todo el pasillo y con ellas resonaban las últimas discusiones. Pero las fotos nunca muestran lo que pasó. Las fotos son cuerpos sin alma. Congelan y materializan un instante que no siempre fue real. Siempre sonrientes -esas sonrisas de 5 segundos-, abrazados a los hombros y la cintura y tratando de no pestanear. Compartiendo momentos que el ojo ajeno diría inolvidables y perdurables.
Sería mas exacto acaso de cuando se conocieron siendo jóvenes, ingenuos; con David, un amigo de él presentándolos. De fiestas juntos. De su feliz casamiento. De un asado en lo de David. Los momentos felices. Y después todo se transgiversa un poco, con ella en la cama y él en una silla leyendo un diario. Entonces sería lógico que haya otra de él tomando algo en la mesa y ella cortando unas zanahorias. Y así, las instantáneas empezaban a estar fuera de foco, con las cabezas fuera, borroneadas. Entonces la sincera cronología fotográfica iba desfilando en línea por toda la casa. De ella gritándole y él mirando a la cámara. De ella con David. De él ya viviendo solo. Llegaban hasta el final, su cama, donde el papel de las fotos se mimetiza con el piso y las sábanas y se transforma en la realidad del cuerpo; el cuerpo de Sebastián que estaba tirado escuchando música. Eran ángeles sonando entre gotas blancas y sogas en el cielo. Las fotos rotas eran el desahogo, y la música la paz. Él miraba el techo mirando las rayas de luz que pasaban por su cortina y se preguntaba si alguna vez había visto alguna foto en movimiento. Entonces no se puede juzgar un estado por una fracción de segundo instantáneo. ¿Que nos motiva a seguir? ¿Que nos hace querer hacer perdurar ese momento de alegría? No sé si vivimos años o simplemente duramos años.
Así que allí estaba. Tumbado. La noche estuvo en su mirada infinita hasta que el sol apareció por la ventana. El radio despertador decía que el actor Boris Berguer había muerto a manos de un conductor ebrio, y además que era hora de trabajar. Estaba derrumbado pero podía seguir actuando. Saludó como un reflejo a los que lo saludaban. Bajó por el ascensor. Cruzó la calle y tomó un taxi. Miró la pequeña foto del permiso del taxista que colgaba en su asiento y lucía serio. Lo miró luego por el espejo retrovisor y su mirada no decía nada. Hay pocos momentos en el día en que una mirada dice algo interesante.
-Eh, oiga, es para el otro lado, está tomando mal la calle -dijo Sebastián.
-Esta cortado mas adelante, pasé mas temprano, hay que agarrar por acá, no hay otro paso. Resulta que el actor Boris Berguer fue atropellado y esta todo el chusmerío curioseando.
-Si, lo escuché esta mañana, nomás no se tarde.
Cada día era algo diferente pero con la misma estructura. No podía escapar mucho. Se levanta de la misma manera por la mañana. Debe afeitarse, debe lavarse los dientes, cambiarse, desayunar, cerrar con llave, bajar en el ascensor, saludar al portero, cruzar la calle, tomar un taxi, hablar algo con el taxista, pagar, saludar al de seguridad, saludar al jefe, trabajar de lo que se trabaja, hablar con la gente del trabajo. Hay sentimientos de envidia, satisfacción, aburrimiento, diversión, fatiga, y poco de amor, odio, venganza o temor. Almorzar con alguien y hablar de lo de siempre, volver al trabajo, mirar la computadora, distraerse un rato, salir, saludar de nuevo, tomar un taxi, hablar con el taxista, volver a casa, bañarse, mirar televisión, algún llamado telefónico, una ducha, cenar, poner el despertador, acostarse y con suerte soñar lindo. Se puede trazar una línea, punto por punto, acción por acción, de lo que se va a hacer.
-Creo que nos desviamos un poco, ¿no le parece? -preguntó Sebastián mirando el nombre desconocido de las calles.
-Si quiere tomarse otro taxi no tengo problema, pero créame, estuve en este caos esta mañana y no hay otra alternativa mejor que esta.
-Bien, pero apúrese, no quiero llegar tarde a trabajar.
-Haré lo posible señor.
Tal vez se puede despertar un poco mas tarde, olvidar afeitar, dormir menos, tener algo de insomnio, estar enfermo y no ir al trabajo. Bajar por las escaleras porque el ascensor esta fuera de servicio, que el portero no esté, que el taxista no hable. Que el de seguridad sea nuevo, que el jefe esté ocupado, tener distintos grados de envidia, satisfacción, aburrimiento, diversión, fatiga, causados por algún inconveniente, o sorpresa agradable, pero en su mínima expresión. Almorzar solos, hacer una nueva tarea, un cliente nuevo, trabajar horas extra, un taxista muy cómico, un baño de inmersión, pedir comida china, y salir de noche ocasionalmente. Siempre la línea puede pasar por otros puntos paralelos.
-Bien, me parece que me está tomando por tonto, este no es el camin...
-¡Cállese la boca y todo va a estar bien! -dijo mientras apuntaba con una pistola. Sebastián pareció no entrar en pánico, solo pensaba en que iba a llegar tarde al trabajo.
-Tome mi dinero, no era necesario llevarme tan lejos para eso.
-Le dije que se callara la boca, no lo voy a volver a repetir.
Un punto paralelo.
-Si hace algo loco -prosiguió- va a ser lo último que haga.
-Bien, solo espero que sepa lo que hace.
Llevó a Sebastián por calles cada vez más oscuras, ¿o se hacía de noche?, miró los seguros y estaban rotos, el taxista lo seguía mirando por el espejo cada tanto. Sebastián suspiró y puso su mano en el abrigo.
-¡¿Que hace?! Le dije que no se moviera -gritó el taxista.
-Tranquilo, solo llamo al trabajo para avisar que no voy a llegar
Ni se le había cruzado por su cabeza llamar por ayuda. El taxista inmediatamente frenó el coche. Giró y puso la pistola en la cabeza de Sebastián con fuerza, tomo el teléfono y lo guardó en la guantera.
-Me parece que no estoy siendo claro. Se mueve, o dice algo ¡y lo fusilo!
Sebastián se estaba empezando a asustar. Los movimientos bruscos y las amenazas surgen efecto en cualquier persona, lo demuestre o no. Empezaba a jugar con sus manos nerviosamente y sentía que el corazón latía mas fuerte y el calor que sentía por dentro era gélido por fuera. Le asustaba el hecho de que manejase tan lejos. El camino era ya totalmente apartado de la ciudad y desconocido. El taxista abrió la guantera, tomo el teléfono de Sebastián y llamó a alguien.
-Lo tengo conmigo, tranquilo, ya estoy llegando. Adiós.
Ese comentario lo hizo entrar en terror.
-No sabes en lo que te metiste -le dice.
Sebastián deseaba despertar en cualquier momento, que aparezca un policía o algo. Pero el camino era de tierra y desolado. Las luces blancas de la ciudad eran ahora púrpura y los horizontes no tenían nada que esconder. Las bocinas y el sonido de los autos fueron remplazados por ladridos de perros y cantos de pájaros que terminaron en el solo sonido del motor. Parecía que se dirigían al final del mundo o a un tiempo pasado. El cielo era de un violeta inimaginable y no parecía que la luna o las estrellas fueran a aparecer. El aire era ahogado y respirar se volvía difícil.
"¿Que estaría diciendo el de seguridad que no me vio hoy? ¿Que pensaría mi jefe? ¿Quién haría mi trabajo? Los sentimientos y estados eran uno solo ahora: Terror. ¿Con quien almorzaría mi amigo? ¿A quien conducirían a su casa? ¿Quién se bañaría? ¿A quien no habría llamado? ¿Qué sería de mi cama?"
Sebastián no sabia que le esperaba. Era solo un punto en la línea de vida de otra gente que no estaría más. La recta es una línea de puntos que se unen, sin él pasaría, probablemente, del punto anterior al posterior. La recta no se rompe.
II
-Ya llegamos. No hagas ningún movimiento -dijo el taxista, saliendo sin soltar su pistola.
Puso el arma en su espalda y lo llevó caminando por detrás a una casa azul que era un todo en el medio de la nada. Ahora mas que saber que le iban a hacer, era saber el por qué, y ese era una pregunta que se hacia mientas tenia tiempo en su cabeza.
La casa estaba vacía con tan solo un refrigerador que emitía un zumbido constante. El piso de madera y los rincones vacíos. En ciertos lugares de las paredes había marcas de mayor oscuridad, como si un cuadro o una foto hubiera estado colgada mucho tiempo y luego se hubiera sacado. Justo enfrente suyo había una puerta marrón. Detrás de esa puerta apareció otra persona, un poco gorda, que le señaló a Sebastián que se sentara en un sillón. Mientras tanto Sebastián esperaba una explicación, pero solo se perdieron ambos por esa puerta y lo dejaron solo. Sin mover la cabeza miró el lugar de esquina a esquina. Por algún motivo no había pensado en levantarse y escaparse y estaba en el sillón petrificado, parecía una estatua. Todo lo que hacía, parecía tardar el doble o el triple: respirar, tragar, parpadear, hasta el latir de su corazón parecía ser mas lento. El zumbido del refrigerador era el único que se había quedado con él. Su esposa lo había dejado por su mejor amigo. Su vida era típica y aburrida, sin embargo segura. Ciertamente no quería que le pasara nada malo. Pagaría lo necesario para que le dejaran ir y siquiera los delataría. Quería sus puntos consigo siempre. Amaba sus rectas.
Parecía que se estaban acercando nuevamente. Oía que sus pasos venían a la puerta que estaba frente suyo. Vio la sombra de unos pies bajo la puerta unos segundos, luego se abrió de golpe. El taxista apuntó velozmente su pistola a Sebastián y disparó. El sonido del disparo tapó por un momento el zumbido. En ese exacto instante se aferró al sillón, cerró los ojos y giró la cabeza al costado como si esto fuera a impedir algo.
Pero el zumbido había parado de pronto. Todo era silencio. Sentía como sus dos párpados estaban pegados a ellos mismo. De a poco fue abriendo los ojos y todo estaba quieto. Congelado como en una foto. Las dos personas frente a él congeladas y la bala a mitad de camino a su pecho. Estática.
Me parecía estar vivo, pero era todo muy extraño, sentía que mi cerebro mandaba impulsos para que mis músculos se movieran, pero estaba sin reacción. Ni respiraba, ni tragaba, ni parpadeaba, y en mi organismo nada parecía funcionar. Me desmayé un instante, creo.
III
Abrí los ojos de a poco como si fuera la primera vez. Una luz blanca me encandiló. Dí unos pasos, y sin darme cuenta estaba en el borde de un precipicio. Mis pies: mitad en tierra, mitad en el aire. Los veía de lejos venir. Los veía y después miraba el vació. Se enfocaron en mis ojos y en la forma como los miraba. No estaba desesperado, ni con miedo. Tenía la mirada de quien sabe que puede volar si se lo propone. El viento parecía no pertenecer a ninguna estación, y los pastizales verdes me cubrían hasta las rodillas. Se me veía desde los pies tapados. Mis rodillas. Seguían mis piernas. Pasando por mi cintura. Se acercaba cada vez mas mientras pasaba por el tórax, y el cuello unió a mi cara completa terminando en mi mirada. Entonces los vientos empezaron a sonar con las cabalgatas que venían con el polvo. Las trompetas explotaban y sonaban amarillas y doradas. Ellos estaban mas cerca, como una estampida de mamuts y elefantes. Mi pelo volaba para todas las direcciones. El vacío parecía pedir mi cuerpo.
Un instante nulo de unos segundos donde todo fue negro.
Agarré las sogas que parecían transportar ligeros y eran rugosas como preparadas para que mis manos se aferrasen bien. Las gotas blancas empezaban a caer del cielo pero no me mojaban, sino que rebotaban en mi y seguían su camino. El verde del paisaje se mezclaba con la amenaza que ahora parecía avanzar detenida a muchos metros. Me fui deslizando entre las gotas y las sogas. A veces me parecía haber avanzado mucho y al mirar nuevamente parecía que estaba en el mismo lugar que antes o mas atrás aun. Las voces de los ángeles y la procreación sonaban de fondo. Algo retumbaba fino. Todo me hacía acordar a los hielos gélidos que no conocí, pero sin duda sentía como propios. No pensaba lo que hacía, era casi como si me transportara solo. Nunca había sentido mis estados de ánimo tan cambiantes, no podía estar seguro de nada.
Como si hubiera sucedido sin que me haya dado cuenta, todo se detuvo: la marcha de fondo, el precipicio. Las gotas y las sogas me habían alejado, seguía la voz de los ángeles, que ahora eran dos, junto con la procreación que se sumaba. Todo se movía en ondas, como el agua, flotaba extrañamente. Mi vista se iba nublando hasta que quedé ciego.
Nada de todo había parecido ser cierto. Pero nada era una mentira.
IV
-Su nombre es Sebastián Col y fue asesinado con tres tiros en el pecho a las veinte y treinta horas del día diecisiete de mayo de 1998.
-¿Que se sugiere?
-El procedimiento habitual.
-Bueno, despiértenlo.
Abrí los ojos y vi a dos hombres parados al lado mío. Los dos estaban vestidos de blanco completamente y mientras uno abría mis párpados y miraba mis pupilas el otro tomaba notas en un cuaderno.
-Bien, llévenlo.
-¿Que hospital es este? -pregunté.
-Está en buenas manos Señor Col, sígame por favor.
Me llevó en una silla de ruedas por un pasillo blanco y luminoso donde había muchas puertas con inscripciones que yo trataba de leer pero me eran inteligibles. Me sentía en un estado de fatiga. Como si estuviera a unos segundos de dormirme o desmayarme.
-Hemos tardado mucho en encontrarlo, pero fue en el momento justo antes de que fuera tarde. Sabe, hay veces que no llegamos y no hay nada que se pueda hacer. Tuvimos que rastrearlo bastante para dar con usted, pero como ya le dije, esta en buenas manos así que no se preocupe. Tendremos que cambiarlo porque esta todo manchado en sangre y además conseguirle ropa nueva -dijo el hombre mientras escribía en su anotador.
-¿Dónde estoy?
-Sus preguntas serán respondidas en un momento.
De una de las muchas puertas salió uno de los hombres de blanco dando instrucciones con las manos. Mis ojos me seguían ardiendo y se estaban acostumbrando todavía a la luz que era muy fuerte. Enfrente de este hombre se podía ver al destinatario de los gestos; otra persona cuyas facciones me sonaban familiares. Los mire a los dos pasar por mi lado y alejarse por el pasillo y por mas que los veía hablar no los podía escuchar.
-Aquí es donde terminamos -dijo el hombre sonriendo- yo lo dejo, suerte.
-Gracias.
Abrió la puerta y en un cuarto blanco un hombre mayor me indicó que pasara con su mano, yo me paré de la silla y caminé hacia él algo torpe.
-Hola Señor Col
-Hola, ¿es usted el doctor?
-Ja ja ja, no, no lo soy, mi nombre es simplemente Víctor.
-¿Que sucedió? ¿Que me pasó?, ¿Podría explicarme por favor?
-A su tiempo. Primero hay un par de preguntas que debo hacerle.
-Bien, dígame...
Tomo una carpeta de su escritorio y empezó a leer casi murmurando:
-"Nació en Buenos Aires, sus padres eran trabajadores, fue a colegios muy buenos, se graduó en contaduría con las mejores notas de su clase, felizmente casado y sin hijos..."
-No mas felizmente... me separé
-Oh, creo que esto necesita una actualización. Lo haré ahora mismo. Saltearemos -dijo y luego siguió con voz mas baja-. Saltearemos de enviarlo al sector de actualización y lo haré ahora, porque no tenemos tiempo. No me lo agradezca -dijo guiñándome el ojo.
-¿De donde consiguió toda esa información?, exijo me diga ahora mismo -dije apoyándome en su mesa.
Víctor dejo el bolígrafo apoyado encima de la carpeta, miró casi enfadado, su cara se puso seria y me dijo:
-Usted no esta en posición de exigir nada aquí, así que por favor déjeme que yo hable, ¿estamos claros?
-Si, pero auque sea dig...
-¿Estamos claros?
Yo asentí con la cabeza y la felicidad volvió a su cara, terminó de completar mis datos y siguió:
-¿Vaya manera de morir no lo cree?
-¿Lo dice por estas manchas de sangre? No comprendo como llegar...
Me interrumpió con un ruido de garganta y volvió a la lectura:
-Sigamos... "separado recientemente," -guiñó su ojo nuevamente- "asesinado con tres tiros en el pecho a las veinte y treinta horas del día diecisiete de mayo de 1998, traído aquí a los días veinticuatro de mayo del mismo año".
-¿Muerto, yo?
-¿Ha oído hablar alguna vez de los fantasmas?
-Sí, en cuentos de terror.
-Ja ja ja, sí, sí. Esa es la manera en que ustedes los conciben.
-¿Ustedes? ¿A que sé refier...?
-Los fantasmas son muertos con causas pendientes -su cara se empezaba a arrugar y abría sus ojos- que vuelven a la tierra de los vivos para atormentarlos, ¡buuu! -movía sus manos algo locamente- se instalan en sus casas y están condenados a ellas y ahuyentan a cualquiera que pisen el suelo de esa casa ¡buuu! Terrorífico ¿no cree?.
-Sí, muy. ¿Pero cual es el punto? ¿Acaso soy yo un fantasma?
-Ja ja ja, no mi amigo, pero veo que está entendiendo la idea. Venga conmigo.
V
En los pasillos había carteles con flechas, pero no alcanzaba a ver que decían ni a donde señalaban porque todo parecía ser un interminable pasillo recto. Sin embargo a veces una puerta blanca se abría y parecía haber otro pasillo igualmente largo como por el que íbamos. Víctor se detenía cada tanto y decía "¿Es por acá?, no, por acá, me mareo con los pasillos, parecen todos iguales, pasillo T.a.b. a la derecha, esto me tiene cansado" y preguntaba a otro que pasaba por allí quien le indicaba por donde tenía que ir. "Es increíble, creo que estoy aquí desde hace siglos, pero esto cambia cada día y es imposible no perderse, pasillo T.a.b., me pregunto cuando va a cambiar todo esto, a propósito ¿le gusta su ropa no?".
Yo estaba vestido con un traje de gabardina muy fino que no sé de donde había conseguido, pero debo admitir que es como siempre me hubiera gustado lucir. Víctor me acompañaba por el mismo pasillo blanco y luminoso y murmurando algo, pero yo seguía encantado con mi traje de gabardina fino el cual acariciaba y sacudía, sin dejar, sin embargo, de sentir esas sensación de extrañamiento.
-Seguramente su cabeza se está haciendo muchas preguntas en este momento, y está buscando una razón lógica para comprender lo que esta sucediendo. Mi consejo, por experiencia, es que deje las preguntas de lado y vea las respuestas que tengo para darle, que son toda la información que va a necesitar.
-Es fácil decirlo pero hay muchas cosas que no entiendo, no sé cuando empezó esta pesadilla, no sé cuándo me quedé dormido. Lo único que sé es que quiero despertar, porque mis sueños nunca duran tanto.
-Tranquilícese, todo va a estar bien. El suyo es un caso particular. Ya que como ve no hemos tenido tiempo de actualizar sus datos porque fue encontrado el séptimo día. De haber pasado veinticuatro horas más, estaría enterrado para siempre, olvidado y recordado para siempre. Por lo general los traemos el mismo día para poder hacer una orientación más efectiva, que pasen por todos los canales y lecciones, distintos y variados análisis, etcétera, para que al momento de tomar la decisión tenga todos los elementos necesarios para elegir. Además en los casos de asesinato como el suyo es mas difícil la reinserción, ya que es posible que vuelva a suceder lo mismo, y cuando el acontecimiento es irreversible no se actúa mas y se lo toma como caso perdido. Ya habíamos dado su causa perdida pero en el último momento apareció, créame que no es algo que sucede habitualmente.
-Realmente ya no estoy en posición de creer en nada de lo que sucede.
VI
Víctor me dejo en un cuarto más grande, pero igual de blanco y de luminoso. Detrás de un escritorio un hombre muy parecido a Víctor en su forma de vestir y actuar me invitó a sentarme.
-Sebastián Col –su voz resonaba en las paredes cuando hablaba.
-Sí -dije yo. Sin embargo mi vos pareció ser opacada, el sonido de mi respuesta duró menos de un segundo.
-Mucho gusto, ¿cómo se encuentra? -dijo sonriente suponiendo que yo estaba bien.
-Yo me siento... -me largue al llanto.
-No llore Señor Col. Créame que no tiene motivos para estar así -decía como si no fuera la primera vez que lo dice.
-Es que no entiendo que sucede aquí, no sé dónde estoy, no sé quien es toda esta gente, no sé quien es usted, no sé porque estoy acá, me hablan de fantasmas, de asesinato, de reinserción, de orientación, conocen toda mi vida, me hablan de cosas que no puedo comprender, mi mente no las puede comprender, no es un sueño, estoy ahogándome en un mar de desesperación y preguntas que parece que nunca se van a responder.
-Yo estoy aquí para eso. Usted sabrá que fue encontrado...
-Si, fui encontrado el séptimo día, justo a tiempo, sino hubiera sido tarde. Ya me lo han dicho, pero no sé que significa.
-Significa básicamente que usted tiene solo un par de horas para decidir si quiere morir o seguir viviendo.
-¿Estoy vivo o estoy muerto?
-Digamos que esta en una fase intermedia, una fase de decisión.
-Bien, decido vivir. Y que me lleven a mi casa ahora mismo.
-Vea, no es tan fácil.
Yo estaba totalmente confundido. La emanación de luz blanca en frente mío me hablaba como si fuera yo a pedir un préstamo bancario. Aunque sabía que era igual de alto que yo lo veía como si yo midiese unos centímetros. Mi histeria era grande y no podía pensar. Muchas ideas locas venían a mi mente.
-Pregunte... -dijo.
-¿Es usted Dios?
-Ja ja ja, qué pregunta. Defíname Dios y le diré si soy o no. Muchas religiones tienen sus opiniones sobre la vida y la muerte, sobre Dios o el Diablo. A nosotros nos parece que eso los ayuda a vivir así que lo alimentamos a nuestra forma. Pero en cuanto a su pregunta digamos que si el tal "Dios" existiera, o si "Dios" fuera una empresa o su presidente, yo sería el gerente principal de un sector, digamos del Sector de Interfase.
-Creo que estoy entendiendo...
-Bien, porque realmente el tiempo es nuestro enemigo en este momento. Ahora llamaré a Víctor para que terminemos con esto. Le estaremos dando un par de instrucciones de cómo será la reinserción si es que desea hacerla. Si toma esa decisión, usted tomara una siesta. Cerrara de a poco sus ojos -mientras decía esto aminoraba el tono de su voz y me hipnotizaba con sus palabras- y cuando los abra no recordará nada de esto: ni el asesinato, ni que estuvo aquí, ni de mí, ni de Víctor. Usted despertará en su cama desde el momento de tiempo que usted lo decida como Víctor ya le explicará.
-Bien, muchas gracias.
Sentía como que al fin estaba hablando con alguien a cargo. Era cuestión de seguir unas instrucciones y ya estaría de vuelta. Llenaría unos formularios, unas firmas, un gracias y de vuelta a mi vida.
V
Víctor entró por la puerta sonriente y amable como siempre. Y con una reverencia me invitó a que lo acompañe.
-Bien Señor Col, ahora que su mente ya funciona a nuestro nivel, es el momento de la resolución.
-Ya está decidido -dije a Víctor, que supuso cual sería.
-Antes de que diga nada, imagino que como todos, usted desea regresar a la vida. A su trabajo, su familia, sus días, sus noches, sus quehaceres, sus placeres, oh que belleza, etc, etc, etc... pero no es así de fácil... como le dijimos, usted tiene poco tiempo para asesorarse sobre su reinserción.
-¿De que me habla? La decisión es una y simple: quiero regresar -al escuchar esto Víctor miró su reloj y suspiró lamentando mi decisión.
-Dígame Señor Col, ¿no siente acaso curiosidad alguna?
-¿Curiosidad por qué?
-Por este lugar, por lo que sucede siempre, por lo que sucede con otra gente, con lo que sucederá después... si usted piensa que la reinserción es tan fácil como decidir que corbata usar, esta equivocado. Déjeme mostrarle un poco el lugar.
Víctor no tuvo que seguir insistiendo. Como siempre en pocas palabras me hizo ver que quería hacer. Como si mi mente fuera un juego que el supiera jugar a la perfección. ¿Habría acaso gente como él en vida?
-Señor Col, no se retrace, sígame.
VI
Caminamos por un pasillo nuevamente que parecía el mismo, pero era sin dudas otro, porque entramos a una especie de ascensor que nunca había visto, si es que eso que veía era un ascensor. Víctor sonrió unos instantes y luego aparecimos en un bosque donde era todo blanco, todo emanaba luz, y por suerte mis ojos ya estaban acostumbrados a ese brillo centellante. Era nuevo ver esos troncos blancos, las hojas blancas, el pasto blanco. Por allí caminamos, yo iba mirando todo con algo de alegría mezclada con desconfianza y Víctor andaba siempre algo adelantado con sus manos atrás y jugando con sus labios. Abrí mi boca para preguntar y Víctor se adelantó...
-Antes que pregunte nada le diré... Cuando alguien muere por vejez, de algún cáncer, un ataque cardíaco, o alguna enfermedad irrecuperable, en donde el sistema del cuerpo falla, la reinserción no se hace.
-De eso se encargan los doctores.
-¿Cree realmente en los doctores? Bueno, cierto crédito es para ellos. La cuestión es que aquí no se curan esas cosas... una vez muerto de una infección cardiaca, supongamos, la persona aquí esta sana, pero de vuelta a la vida, dura tan solo una semana.
-¿Una semana exacta?
-O menos... luego de esa semana, uno de nosotros lo busca ya que es momento de volver... es lo que ustedes llaman "la muerte". Es muy gracioso cuando vienen con los cuentos del hombre con una capa y capucha negra con una hoz, o lo que sea.
-¿Y porque se les da una semana?
-Es lo máximo que los podemos mantener, pero ciertas veces ni ellos mismos pueden soportar el dolor, como le dije, aquí están bien pero de vuelta allí el dolor vuelve a ser el mismo. Pero algunos son mas ciegos que otros y desean volver para hablar con sus familiares y decirles cuanto los aman, u odian, o alguna otra cosa.
-O sea que si yo vuelvo... ¿tendré tres balazos?
-No. Y esta es la cuestión. En los casos en que alguien es atropellado, electrocutado, o tiene alguna accidente mortal, es aquí que le damos de tomar esta opción que actúa en el cerebro y le ayuda luego a evitar en vida cometer el mismo error, esto produce el efecto de "deja vú", entonces el accidente nunca ocurrió y seguimos con nuestras vidas. En las veces que no se puede seguir evitando, me refiero a los casos en que siempre vuelven a caer en el mismo error y por ello en la muerte, se lo clasifica de "irremediable" y mueren para siempre. Créame, el ser humano es muy testarudo, caerá en el mismo error. Siempre se les reinserta en el plazo de una semana anterior al día de su muerte, y como le decía vuelven a caer en el mismo error.
-Pero he conocido mucha gente que murió en esos estúpidos accidentes.
-Esa es gente que no pudo ser ingresada a tiempo. Pero eso no es lo que sucede comúnmente, sino que es gente que decidió no volver, o sea, quedarse aquí.
-No lo creo, déjeme decirle que de los que yo he conocido, ninguno hubiera querido dejar de existir, eran personas con gran vitalidad, con ganas de vivir, ¿entiende eso acaso?
-¿En qué se basa? No mezcle las cosas con preguntas que no vienen a su caso. Tenemos poco tiempo. Además, en el caso de los asesinados la cuestión es más difícil, ya que los mismos no se pueden evitar fácilmente, porque la mayoría son algo premeditado. Siempre estarán en la misma esquina esperándolo, con su arma cargada, ¡pam, pam, pam!, siempre en la misma esquina.
-En ese caso volveré todas las veces que hagan falta hasta solucionarlo, hasta escaparme.
-Eso es lo que todos dicen al principio.
Me quedé pensando unos instantes, mirando los bosques blancos. Víctor canturreaba una canción, giró hacia mi y extendió su mano en el aire invitándome a preguntarle.
-¿Quién elegiría morir para siempre?
-Veo que con usted es difícil dejarse ganar -dijo riendo-, es testarudo Señor Col. Sígame por aquí.
Por un motivo que desconozco me gusto que me llamase testarudo. Me sentía como un cliente difícil de convencer a menos que se le explique todo con exactitud, yo no aceptaría letras pequeñas, engaña pichangas, o cosas habladas por arriba. Víctor miró a su derecha, luego a su izquierda como dudando por donde seguir. Miró nuevamente a su derecha y me dejó pasar primero. Seguimos por el bosque blanco hasta que los colores y los sonidos empezaban a aparecer. Eran esos ángeles nuevamente que se acercaban a mis oídos. Continuamos caminando y aparecimos donde había estado en un principio, en el precipicio. Víctor revisó el anotador que siempre llevaba consigo y siempre sonriente mostró lo que había detrás mío. Era el viento y el polvo que me habían asechado. Intenté correr asustado, pero Víctor me detuvo tomándome del hombro. Pronto las amorfas figuras se convertían en gente, en seres humanos. Entre ellos estaban mis fallecidos abuelos, Napoleón, pero también amigos míos, mis padres, mi ex esposa, gente que aun vivía. Todos sonrientes con las manos extendidas para abrazarme... yo miré a Víctor quien sostenía su anotador y se balanceaba con el cuerpo. Le sonreí y entre lágrimas corrí a abrazarlos. Estuve entre sus brazos un tiempo, llorando sobre sus cuerpos que me abrazaban y me decían que todo estaba bien, que me veía lindo, y yo entre llantos y alegría seguía abrazándolos. Víctor me tomó de la mano y me retiró a un costado.
-Esta es la oferta. Esta es tu vida, en la muerte. Así será tu vida de ahora en mas, entre los tuyos y los que siempre quiso con usted. Aquí existe el amor, la paz, la armonía, la belleza, el espíritu, la amistad, la pasión, la inteligencia... la perfección.
-Realmente no lo puedo creer -dije secándome las lagrimas, en medio de mis seres deseados y una bella música de fondo.
-Esto no es cuestión de fe... es una realidad. Como le dije... así será su vida en la muerte.
Me quedé unos segundos pensando, me senté. Víctor me dejo solo y yo me quedé mirando a toda esa gente, a mi vida perfecta. Sus ojos eran de verdad.
-Dígame Víctor, ¿cual es el truco?
-No hay trucos Señor Col.
-Pero este no es el verdadero Napoleón, no es mi verdadera ex esposa...
-No, son imágenes creadas por su mente que harán todo a su placer y gusto, todo se desarrollara como en la vida, pero sin sus inconvenientes, no hay odio, no hay celos, no hay envidia, no hay codicia, injusticias, guerras, no hay malos pensamientos, no hay obligaciones, no hay pánico, solo perfección.
-Pero en la vida dejo a gente sufriendo... mis padres, mis compañeros de trabajo..
-Los tiene a todos aquí... y no hay dolor, ni lo habrá... a ellos les llegará su momento y créame, créame que elegirán la muerte. Así es el mundo de la vida como le he dicho... lleno de dolor y desgracia, pérdidas y lágrimas.
-No, no, esto no puede ser tan perfecto, tiene que haber algún error, alguna falla...
-Compruébelo usted mismo...
VII
Realmente parecía no haber fallas, la perfección en la vida no existe, porque existe la muerte... pero en la muerte la perfección es posible. La muerte es eterna, así como la perfección debe ser. Si tanta era la gente que había elegido la muerte, motivo tendrían. Igual era correcto cerciorarse. Clara estaba mirando para abajo simulando una timidez. La tomé de sus finas manos, ella me sonrió celestialmente y fuimos a caminar.
Era ella. Tenia sus típicas reacciones, su forma de rizarse el pelo, y esa maravillosa sonrisa. Su forma de hablar, sus comentarios, eran todos como cuando la conocí, ella era las cosas que recordaba con mas cariño de ella, era Clara de verdad.
-¿Cómo estas Sebastián? -dijo mirándome fijo pero con la vista relajada, como si sus ojos estuvieran sonriendo.
-Muerto, parece ser...
-No digas eso, nunca te vi tan vivo
-Gracias, vos también estas muy bien...
-¿Tanto como para que te quedes?
-Sabes que lo nuestro no resultó muy bien... elegiste a David, mi mejor amigo.
-Eso fue en otra vida -dijo como si aquella que fue y ésta que me estaba hablando no fueran la misma persona-, aquí podrás empezar a vivir de nuevo, una vida de amor para siempre. Estando por siempre joven, con tus afectos, podrás hacer todo lo que siempre quisiste, tienes todo por delante -Clara hablaba de la manera en que lo haría Víctor si fuera Clara. Pero no, era Clara, mi Clara.
-¿Crees que lo nuestro funcionaría?
-Por su puesto, David no es nada para mí. ¿Tu lo ves por aquí?
-No, pero..
-Eso es porque no está.
Clara había logrado el punto, al igual que Víctor. Y era claro. Nada de dolor. Nada de separaciones. Nada de errores.
-¿Pero si en una vida fallamos, porque no lo haríamos en esta?
Clara quedo en silencio por un rato, estaba como atónita, sin movimiento, su boca estaba muda. Por detrás apareció Víctor, poniéndose a un costado tomando de la mano a mi y a Clara.
-Mira Sebastián, no hay engaños aquí, ya te lo he dicho, los errores de la vida no suceden en la muerte. Si en la vida no estuvieron para durar eternamente, si lo están aquí, ¿Y sabes por que?: porque tú lo quieres así. Debo recordarte que no es mucho el tiempo que tienes, es momento que te entregues y dejes de meditar todo tan absurdamente.
-Pero en mi vida dejo cosas pendientes.. Proyectos, planes, viajes.
-Todos los viajes lo puedes hacer aquí. Lugares que conoces, lugares que no conoces y lugares a los que tu imaginación siempre te quiso llevar en sueños.
-Y los puedes hacer conmigo, o con tus padres, o con quienes idolatras. En la vida eres una circunstancia constante del momento, mientras que aquí eres el rey de tus sueños -dijo clara.
-Debo pensarlo bastante...
-No tienes tanto tiempo
-¡¿Pero cuan poco tiempo tengo? Dígamelo de una vez! para saberlo o...
-¿O qué? ¿Debo recordarle quien esta al mando?
-Es que me estoy volviendo loco, esto no es real, es imposible que alguien que esté vivo esté conmigo ahora y diga que es la misma persona, Napoleón habla mi mismo idioma, me comprende, quiere ser mi amigo y me promete contar las historias de sus batallas con lujo de detalles...
-Dígame lo que quiere decir...
Luego de una pausa pregunté.
-¿Que pasa si regreso a la vida y me matan nuevamente?
-Cada vez que usted muere, pierde posibilidades.
-¿Posibilidades de qué? ¿Por que siento que me esconde información?
-Usted no hace las preguntas adecuadas.
-Dígame, ¿qué posibilidades pierdo?
-Imagínese que usted es un glaciar, cada vez que muere y elige la reinserción, ocurre un desprendimiento. Depende de cada persona tarda mas o menos en desaparecer el glaciar.
-¿Y qué sucede cuando desaparece el glaciar?
-No tiene mas opción para elegir o no la reinserción o la muerte eterna, pasa a un estado vegetativo en la muerte y créame que si elige la reinserción la primera vez, lo hará las siguientes y usted no olvide que fue asesinado, créame que volverá a suceder y estará vegetativo en poco tiempo, no desaproveche esta oportunidad de vida eterna en la mas perfecta felicidad.
-¿De qué les sirve a ustedes que yo este aquí, y no vivo?
-¿Usted cree que esto lo hace por nosotros? Esto lo hacemos nosotros por usted, ¿o no se ha dado cuenta aun? -Víctor me miraba fijo a mis ojos, o a mi mente, a mis pensamientos, se movía extrañamente, luego siguió- vaya a caminar y meditar, pero veo en sus ojos que ya hizo la opción. Yo lo espero donde nos vimos por primera vez.
Las respuestas de Víctor no llevaban a ningún lado. Eran las mismas de siempre y no me aclaraban nada, creaban mas confusión y el peor sentimiento era saber que me estaba ocultando algo. No es que Clara me estaba mintiendo al prometer perfección, yo sabia que ella realmente lo creía; yo en cambio no porque era humano, y los seres humanos no creemos en la perfección. Víctor parecía conocer todos mi pensamientos, yo sabia que no podía ocultarle nada. Sabia que podía ver cuales eran mis miedos y torcerlos a su favor. Pero no lograba saber cual era su ganancia. Su beneficio. Tal vez ser ascendido, tener un sueldo mayor, o sacarme de encima por algún motivo.
O tal vez era yo. Un desconfiado. La claridad de la realidad se tornaba en la oscuridad de mis pensamientos de un segundo al otro. Todo realmente parecía perfecto.
Me puse andar por el bosque blanco, todos ya habían desaparecido. Si ellos tenían razón, y yo volviera a la vida, tomaría las mismas decisiones y acabaría muerto. Pero no podía concebir el hecho de no intentarlo. Cuando nacemos no nos dan la opción de vivir, simplemente como recibido es aceptado, no sabemos a lo que nos vamos a enfrentar y así vivimos la vida. Ahora que sé como es la vida y sé cómo es la muerte ¿por qué elegir lo conocido? Supongo que esta era la oferta que nos da la muerte.
VIII
Una voz empezó a susurrar mi nombre. Salía de los árboles, de las hojas, de los troncos. Sentía que me tocaban, que me querían agarrar, entonces me eché a correr, giraba mi cabeza para atrás y aunque no veía nada sentía pasos de corridas y un humo se levantaba tras de mi. Los árboles empezaban a ser mas y de a poco se iban oscureciendo, tomando el color real, marrón, y hasta negros, lo blanco de a poco iba desapareciendo y todo se tornaba gris oscuro. Cada vez era mas difícil correr, tenía que saltar, esquivar, pasar por debajo y sentía que estaban a punto de alcanzarme.
Se ve que no vi una raíz levantada, algo así y no pude esquivar el tronco. El golpe fue seco y perdí el conocimiento, pero un segundo antes de desmayarme vi a Víctor, a Napoleón, a Clara, a mis padres, mis amigos, y sus caras pasaban cada vez mas rápido hasta que sus colores formaron un blanco brillante.
IX
Sebastián se despertó y ahí estaba. Tumbado. El sol apareció por la ventana. El radio despertador decía que el actor Boris Berguer había sido victima de un accidente automovilístico del cual no había podido escapar, por culpa de un conductor ebrio. Sebastián meditó unos segundos si estaba en condiciones de trabajar. ¿Esa era la vida que quería? Mientras se cambiaba, las fotos que estaban en la cama caían como hojas marchitas de árboles de otoño. Las deudas son fantasmas. Trataba de recordar el sueño que había tenido, y cada movimiento se lo recordaba, sin embargo no estaba seguro si eran del sueño o de un día muy parecido a ayer, o de otro hace tres años. Le gustaría despertarse y que no sea ayer. Se mojó los ojos y se miró al espejo abriéndolos, parecía que habían tomado vida propia y le querían decir algo. Hay pocos momentos en el día en que una mirada dice algo interesante, pero le parecía poder ver la verdadera composición del alma. Se sonrió, pensó que vivía una buena vida. Bajó en el ascensor y si, su vida podía empezar nuevamente. Se acomodó la corbata y bajó. Saludó al portero concientemente de que lo estaba saludando y que con eso expresaba algo mas que una mano levantada, esa mano levantada con dirección al portero tenía un significado muy profundo, muy verdadero, era un símbolo que representaba millones de cosas para él. Era un saludar al nuevo día. Miró el cielo y parecía que se iba a nublar, pero quien sabe, puede que no. Puede que no. Sonrió nuevamente, con una felicidad extrañada, una felicidad que le era ajena a su circunstancia, pero que de todas formas él había tomado como propia, tomada al azar, como se toma un taxi al azar. Hablando de azar: justo hay un taxi en la puerta, con la casualidad que parece que lo está esperando. Se pasó las manos por el pelo, se sintió con tiempo para planear su vida. Se sintió con tiempo. Se metió y miró la pequeña foto del permiso del taxista que colgaba en su asiento y lucía serio. El tenía poder sobre su vida, y así del tiempo. Lo miró luego por el espejo retrovisor y su mirada no decía nada. Hay pocos momentos en el día en que una mirada dice algo interesante. El, que había visto su vida en sus ojos cuando se miró al espejo, se sentía con tiempo para elegir que vida vivir. Anduvieron algunas cuadras y el taxista se desvió del camino, parece que llegará unos minutos tarde al trabajo.